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Los 14 alérgenos de la etiqueta: dónde mirar y qué significa «puede contener trazas»

Etiquetas sin misterio5 min de lecturaEquipo de Carmen AI · 28 de octubre de 2026

Carmen con una lupa sobre una caja de cereales, sospechando

La ley europea obliga a destacar 14 alérgenos en la lista de ingredientes de cualquier producto envasado, y el aviso «puede contener trazas» no figura entre las obligaciones: lo pone el fabricante si quiere. Lo de abajo es información general; si tienes una alergia diagnosticada, tu alergólogo es quien decide cómo aplicarla a tu caso.

Carmen leyendo el reverso de un paquete en el súper

Los 14, en lenguaje de súper

La lista está en el anexo II del Reglamento (UE) 1169/2011. Cada uno cubre también sus derivados:

  • Cereales con gluten: trigo (también la espelta y el khorasan, que se vende como kamut), centeno, cebada, avena y sus híbridos.
  • Crustáceos: gambas, langostinos, cangrejo…
  • Huevos.
  • Pescado.
  • Cacahuetes.
  • Soja.
  • Leche, incluida la lactosa.
  • Frutos de cáscara: almendras, avellanas, nueces, anacardos, pacanas, nueces de Brasil, pistachos y macadamias.
  • Apio.
  • Mostaza.
  • Granos de sésamo.
  • Dióxido de azufre y sulfitos, a partir de 10 mg por kg o por litro.
  • Altramuces.
  • Moluscos: mejillones, almejas, calamares, pulpo…

Los sulfitos son los más fáciles de pasar por alto, porque pueden venir dentro de un conservante con código E-220 a E-228 (hay más sobre ellos en los números E de la etiqueta). La lista trae sus propias excepciones: algunos derivados están exentos porque el proceso elimina el problema. Es el caso de los jarabes de glucosa de trigo (incluida la dextrosa) o las maltodextrinas de trigo, dos ingredientes habituales en los productos procesados.

Cómo los destaca la etiqueta

El artículo 21 pide que el alérgeno aparezca en la lista de ingredientes con el nombre que figura en el anexo, destacado con una composición tipográfica que lo diferencie claramente del resto: otro tipo de letra, otro estilo o un color de fondo. En la práctica verás negrita, mayúsculas o subrayado: es de los pocos sitios de la etiqueta donde el fabricante levanta la voz. Un ejemplo inventado, con la lista de unas galletas:

Ingredientes: harina de trigo, azúcar, aceite de girasol, chips de chocolate (pasta de cacao, azúcar, manteca de cacao, emulgente: lecitina de soja), huevo pasteurizado, leche desnatada en polvo, sal, gasificante (E-500). Puede contener trazas de frutos de cáscara.

Si varios ingredientes vienen de un mismo alérgeno, la etiqueta debe señalarlo en cada uno. Y si el producto no lleva lista de ingredientes (el vino, por ejemplo), el aviso va con la palabra «contiene»: «contiene sulfitos». Hay una excepción lógica: no hace falta repetirlo cuando el propio nombre lo dice, como «queso» o «galletas de almendra».

«Puede contener trazas»: el aviso voluntario

Es la frase que más confunde, y cada marca la redacta a su aire. Los 14 de arriba se declaran cuando son ingredientes. El «puede contener» avisa de una presencia no intencionada, por ejemplo por contaminación cruzada en la fábrica, y es información voluntaria: el reglamento (artículo 36) solo exige que no induzca a error y no sea ambigua. Prevé que la Comisión desarrolle normas para esta información, pero hasta donde hemos podido comprobar no están adoptadas: no hay una cantidad legal que decida cuándo un fabricante debe avisar.

Una revisión de 2024 en World Allergy Organization Journal lo resume así: el aviso se usa de forma desigual, sin regulación en la mayoría de los países, y a las personas con alergia les cuesta interpretarlo. De ahí dos consecuencias prácticas. Que una marca ponga «puede contener» y otra no, en un producto parecido, no significa que una sea más segura. Y que no figure el aviso tampoco es una garantía, porque avisar es optativo.

Bares, panaderías y mostrador: también te lo tienen que decir

La obligación de informar de los 14 alérgenos no termina en el envase. Para los alimentos sin envasar se aplica el artículo 44 del reglamento europeo y, en España, el Real Decreto 126/2015: la información debe estar por escrito, en etiquetas, carteles o en la carta, y en español. También puede darse de palabra, pero entonces tiene que estar registrada por escrito o en formato electrónico en el local, a disposición de los clientes, y con un cartel visible que indique dónde pedirla.

Carmen y Dani con la carta en un restaurante

Si en la pizarra del menú no hay ni rastro de alérgenos, no pasa nada: se pregunta. Están obligados a poder responderte. Lo mismo vale para el pan del mostrador, el jamón cortado al momento o la comida preparada que se vende sin envase en el súper.

Alergia, intolerancia y «me sienta mal»

La alergia es una reacción del sistema inmunitario y puede ser grave. La intolerancia, como la de la lactosa, suele ser digestiva. Son cosas distintas, aunque el anexo II recoge sustancias de ambos tipos (por eso se titula «alergias o intolerancias»). Si sospechas que un alimento te sienta mal, pide cita: el médico o el alergólogo tienen pruebas para aclararlo, y no conviene recortar la dieta a ciegas. Pero si lo que has tenido es una reacción (ronchas, picor, labios hinchados, dificultad para respirar), no vuelvas a tomar ese alimento hasta que te vea un médico, y si te falta el aire, llama al 112. Para el caso del gluten y la lactosa, lo contamos aparte.

Aunque compres lo de siempre, léelo

Las recetas cambian, y un aviso puede aparecer o desaparecer entre una compra y otra. Si compras para alguien con alergia, vale la pena leer la lista completa cada vez, también en los productos de toda la vida. Y ya que tienes el envase en la mano, mira la fecha: consumo preferente o caducidad son dos mensajes distintos. Para el resto de la tabla, cómo leer una etiqueta.

Hoy mismo, haz una foto a la lista de ingredientes de los tres productos que más repites en la compra para esa persona. La próxima vez, compara la foto con el envase nuevo: si la receta ha cambiado, lo verás en diez segundos.

Preguntas rápidas

¿Cuáles son los 14 alérgenos de declaración obligatoria?

Cereales con gluten, crustáceos, huevos, pescado, cacahuetes, soja, leche (incluida la lactosa), frutos de cáscara, apio, mostaza, sésamo, sulfitos (a partir de 10 mg/kg o litro), altramuces y moluscos, con sus derivados.

¿«Puede contener trazas» es obligatorio?

No. Es información voluntaria del fabricante. El Reglamento 1169/2011 solo exige que no induzca a error ni sea ambigua, y no fija umbrales legales a partir de los cuales deba figurar.

¿Cómo se destacan los alérgenos en la etiqueta?

En la lista de ingredientes, con una tipografía que los diferencie claramente del resto: tipo de letra, estilo o color de fondo. Si no hay lista de ingredientes, se indica con «contiene» seguido del alérgeno.

¿Un bar o una panadería tiene que decirme los alérgenos?

Sí. También en alimentos sin envasar la información de los 14 alérgenos es obligatoria. Debe estar por escrito (carta, cartel o etiqueta) o, si se da de palabra, registrada por escrito en el local y con un cartel que indique dónde pedirla.

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