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Sal rosa del Himalaya: bonita, cara, casi igual de sal y sin yodo

Una cucharadita de sal rosa del Himalaya (unos 5 g) trae cerca de 2.000 mg de sodio, que es todo el tope diario que marca la OMS, y entre un 1 y un 4 % de lo que necesitas de calcio, magnesio o hierro. Los minerales están. Lo que no está es la cantidad para que sirvan de algo.
Qué es: sal de mina con color
Es sal de roca, la que se extrae de minas, y se vende como «del Himalaya» porque buena parte sale de esa región. El tono rosa lo dan minerales en cantidades pequeñas (se suele señalar al hierro), y en el análisis que citamos aquí las más oscuras tenían algo más de ellos.
Ese análisis es el de Fayet-Moore y su equipo (Foods, 2020): midieron 25 minerales en 31 sales rosas compradas en comercios de Australia y en una sal de mesa yodada de control. Si sumas todos los minerales de su tabla que no son sodio, salen unos 15 g por kilo de sal rosa: alrededor de un 1,5 % del peso. El resto es sobre todo cloruro sódico, la sal de toda la vida.
Los «84 minerales», a escala de cucharadita
La publicidad habla de 84 minerales. El estudio midió 25, y casi todos salen en cifras que se cuentan en miligramos por kilo. Esto es lo que aporta una cucharadita (5 g), que ya es prácticamente la ración de sal de todo un día, frente a lo que necesitas:
Los autores usaron las ingestas de referencia australianas; con las europeas las cifras se mueven un poco y la conclusión se queda igual. Para tener una vara de medir: un plátano mediano (unos 115 g pelado) trae unos 400 mg de potasio según BEDCA, la base de datos española de composición de alimentos, y la cucharadita de sal rosa trae 12 mg. Para igualar al plátano tendrías que tomar más de 30 cucharaditas.
Los propios autores calculan que harían falta más de 30 g de sal rosa al día (unas 6 cucharaditas) para que sus minerales contaran de verdad, y que a esa dosis el sodio sería excesivo. Es como echar una gota de tinte en la piscina y esperar que el agua salga rosa.
El sodio es el mismo, venga de la mina que venga
Por química, el cloruro sódico es sodio en un 39 % de su peso. Un gramo de sal de mesa, marina o rosa se queda, por tanto, en torno a los 390 mg de sodio. En el estudio, la media de las rosas salió cerca de ahí, con un rango amplio entre muestras que se sale incluso de lo que permite la química, así que parte de esa variación es error de medida y no una sal «con menos sodio».
Esos octógonos son los de Chile, y sirven de vara de medir en un súper de España, como explicamos en los octógonos negros de Chile.
Un detalle práctico: la sal gruesa y las escamas dejan más huecos, así que una cucharadita rasa pesa menos que una de sal fina. Si cuentas sodio, cuéntalo en gramos y no en cucharaditas.
La OMS pide menos de 5 g de sal al día en total, porque el sodio de más sube la tensión con los años, y en España tomamos bastante más; de dónde sale la que no echas tú, lo contamos en la sal oculta de los alimentos.
El yodo, que es lo que de verdad se pierde
La sal yodada lleva yodo añadido: la norma española la define con 60 mg de yodo por kilo de sal, con un 15 % de tolerancia (Real Decreto 1424/1983). El yodo hace falta para las hormonas del tiroides, y la EFSA fija una ingesta adecuada de 150 µg al día en adultos. Sobre el papel, con 2,5 g de sal yodada llegarías a esa cifra. Por eso el Ministerio de Sanidad aconseja usar sal yodada, junto con pescado de mar y marisco, que también aportan yodo.
La sal rosa no lleva yodo añadido, salvo que la etiqueta diga «yodada». Si es la única que hay en tu cocina, esa fuente desaparece.
Si estás embarazada, das el pecho o tienes algún problema de tiroides, cuánto yodo necesitas y de dónde sacarlo lo decide tu médico, no el salero. El propio Ministerio remite a consultarlo.
¿Y los metales pesados?
Circulan titulares que dicen que la sal rosa está llena de plomo. El estudio cuenta algo más aburrido: en una de las 31 muestras, la única de Perú, el plomo superó el límite australiano (2 mg por kilo). Las otras 30 cumplían. También hallaron aluminio y bario en las rosas y no en la sal de mesa de control, sobre todo en las de escamas, las del Himalaya y las más oscuras. Así que no es peligrosa, pero tampoco más pura que la blanca. Eso sí, hablamos de un solo análisis, en un solo país y con una sola sal blanca para comparar.
Adelgazar, lo que se dice adelgazar, no adelgaza
Nada en su composición apunta a que adelgace, desintoxique o «equilibre el pH». Es sal. Si te la han recomendado disuelta en agua por la mañana, la historia completa está en el agua con limón en ayunas, y lo de limpiar el cuerpo con ingredientes de moda lo repasamos en las dietas detox: el hígado y los riñones ya hacen ese trabajo sin minerales de mina.
Entonces, ¿para qué la quiero?
Para lo que sí hace bien: textura y color. Unas escamas sobre un tomate, un huevo a la plancha o una carne ya hecha crujen y se notan, así que con una pizca se consigue más efecto. Si te gusta, úsala sin remordimientos y sabiendo lo que es: una sal más cara con mejor foto. Pagar por el crujido es una decisión tan legítima como pedir el tomate aliñado de la carta en lugar de aliñarlo en casa; el tomate es el mismo.
Mira hoy el salero de diario: si el envase no pone «sal yodada», es lo primero que cambiar en la próxima compra. La rosa se queda en el molinillo, para lucirla en el plato.
Preguntas rápidas
¿La sal rosa del Himalaya tiene yodo?
No lleva yodo añadido, a menos que la etiqueta diga «sal yodada». La yodada española se define con 60 mg de yodo por kilo de sal, y por eso Sanidad recomienda usar esa en casa.
¿La sal rosa tiene menos sodio que la sal de mesa?
No de forma que importe. El cloruro sódico es un 39 % sodio por su composición, así que un gramo de sal de mesa o rosa lleva unos 390 mg. Una cucharadita de 5 g se acerca a los 2.000 mg que la OMS marca como límite diario.
¿La sal rosa del Himalaya adelgaza?
Nada en su composición lo respalda. Es sal, y la OMS aconseja tomar menos de 5 g al día en total, sea del color que sea.
¿La sal rosa tiene 84 minerales?
Eso dice la publicidad. Un análisis de 31 muestras midió 25 y encontró casi todos en cantidades muy pequeñas: una cucharadita aporta entre un 1 y un 4 % de lo que necesitas de calcio, magnesio o hierro.
¿Para qué sirve la sal rosa?
Para dar textura y color al final del plato, sobre todo en escamas o gruesa. Si te gusta, es una opción tan válida como otra, sabiendo que es sal.
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