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Tomate frito «sin azúcares añadidos»: qué cambia en la etiqueta (y qué no)

Entre un tomate frito normal y uno «sin azúcares añadidos» hay, de mediana, menos de un gramo de azúcar por cada 100 g. En un plato de macarrones es menos de un cuarto de terrón. Entre dos botes normales cualesquiera puede haber más distancia (de 4 a casi 10 g) que entre un normal y un «sin añadidos» típicos.
Un bote con la tapa dorada y «sin azúcares añadidos» en letras grandes parece el premio gordo de la despensa. Es más bien el reintegro.
El tomate ya trae su azúcar, por eso no existe el frito «0 %»
Un tomate crudo tiene unos 3,5 g de hidratos por 100 g según la BEDCA (la base de composición de alimentos española), y el triturado de lata marca en la etiqueta entre 2,8 y 3 g de azúcares. El frito parte de ahí, pierde agua, gana aceite y, en muchas marcas, también azúcar: la mediana de los normales es de 6,1 g y la mitad está entre 5 y 7,4 g. El azúcar se suele añadir para quitarle acidez al tomate.
Los «sin azúcares añadidos» (18 etiquetas de Open Food Facts) tienen una mediana de 5,2 g, con un rango de 2 a 6,4 g. Lo que dejan de hacer es echar azúcar; el del tomate se queda. La norma lo pide así: «sin azúcares añadidos» exige no haber añadido ningún azúcar ni ingrediente edulcorante, y avisar con «contiene azúcares naturalmente presentes» (Reglamento 1924/2006). La definición completa está en qué significa «sin azúcar añadido».
En un plato de pasta: menos de lo que parece
Para un plato de macarrones suponemos unos 100 g de salsa (una cifra razonable, no un dato oficial). Con el normal son unos 6 g de azúcares, un terrón y medio, y con el «sin añadidos», unos 5. La diferencia es de un gramo. Tres cucharadas soperas de kétchup (45 g) ponen unos 8 o 9 g, más que el plato entero de tomate frito normal. Lo que suma el plato entero está en las calorías de unos macarrones.
Qué mirar en el bote: tomate, aceite, sal y almidón
- Porcentaje de tomate. Cuando «tomate» va en el nombre, la ley obliga a decir cuánto lleva, y suele ir entre paréntesis en la lista (Reglamento 1169/2011, art. 22). Cuanto más alto, menos hueco para agua, almidón y relleno.
- Aceite. La mediana es de 3,5 g de grasa por 100 g, pero hay botes desde 3 hasta 7 g (la BEDCA anota 6,4). Los hay con aceite de oliva y con aceite de girasol: la lista dice cuál y la tabla, cuánto.
- Sal. Mediana de 0,95 g por 100 g, con la cuarta parte de los botes por encima de 1,2 g. Una ración de 100 g de salsa ya se lleva un quinto de los 5 g diarios que recomienda la OMS.
- Almidón. Algunos botes llevan almidón para espesar. No es un drama, pero conviene saber que el espesor no siempre viene del tomate.
Con los listones de los sellos negros de Chile (10 g de azúcares y 400 mg de sodio por 100 g, que son 1 g de sal) el frito mediano se queda por debajo en los dos, y en sal, por muy poco (0,95 frente a 1 g). El cuarto de botes más salado, de 1,2 g para arriba, sí se llevaría el sello de sodio. Esa diferencia pesa más que el gramo de azúcar del reclamo.
Si quieres comparar dos botes sin hacer la tabla de memoria, escanea un tomate frito normal y uno «sin azúcares añadidos» con Carmen AI (es gratis) y mira la nota y las etiquetas de cada uno.
Casero en un cuarto de hora
Pon en una sartén una cucharada sopera de aceite de oliva, media cebolla picada fina y, si quieres, un diente de ajo. Cuando la cebolla esté blanda (unos cinco minutos), añade 400 g de tomate triturado y deja unos diez minutos a fuego medio-bajo, hasta que espese. Entre el triturado y la cebolla salen unos 4 o 5 g de azúcares por 100 g, todos propios: el mismo nivel que el «sin azúcares añadidos» del súper (5,2 g de mediana), con la sal en tu mano. La cebolla pochada aporta dulzor sin añadir azúcar; si tienes prisa, el triturado con ajo y aceite también funciona, aunque queda más ácido. Aguanta unos cuatro días en la nevera, en un tarro cerrado, y si haces el doble puedes congelarlo en raciones de 100 g, que es lo que lleva un plato de pasta.
¿Compensa cambiarlo?
Por el azúcar, poco: un gramo por plato no cambia un día. Compensa más mirar a la vez azúcares, sal y grasa en la columna de 100 g y quedarte con el bote que gane en dos de las tres. Y con un triturado de lata en la despensa, el frito casero te sale en un cuarto de hora.
Coge el bote que tengas en la despensa y mira la sal por 100 g. Si pasa de 1 g, el listón de los sellos chilenos, es el dato que conviene comparar al comprar el siguiente.
Preguntas rápidas
¿Cuánto azúcar tiene el tomate frito?
Entre 4 y 10 g por 100 g según la marca, con una mediana de unos 6 g en las etiquetas españolas. Parte es del propio tomate: el triturado ronda los 3 g.
¿El tomate frito sin azúcares añadidos tiene azúcar?
Sí, el que trae el tomate. Las etiquetas rondan los 5 g por 100 g (entre 2 y 6), frente a unos 6 g del normal. Si lleva azúcares propios, la etiqueta debe avisar con «contiene azúcares naturalmente presentes».
¿Por qué el tomate frito lleva azúcar?
Se suele añadir para quitarle acidez al tomate. No todos lo llevan: se comprueba en la lista de ingredientes.
¿Es mejor el tomate triturado que el tomate frito?
En azúcar y calorías sí: el triturado ronda los 3 g de azúcares y 22 kcal por 100 g, y el frito unos 6 g y 76 kcal, sobre todo por el aceite. Con una cucharada de aceite y un cuarto de hora de sartén, el triturado se convierte en un frito casero.
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