
Un zumo de piña 100 % de brick puede llevar más azúcar por 100 ml que una cola: unos 12 g frente a 10,6. Aun así, el nombre del envase es lo más fiable que tiene, porque la ley reserva «zumo», «néctar» y «bebida de frutas» para recetas distintas.
Delante de la nevera de los zumos pasa lo de siempre: seis bricks naranjas que parecen el mismo y no lo son.
Tres nombres, tres reglas
El Real Decreto 781/2013 es la norma española de los zumos. Define el zumo de frutas como el producto de las partes comestibles de frutas sanas y, en su lista de lo que se le puede añadir, no entran ni el azúcar ni los edulcorantes: solo aromas, pulpa y células recuperados de la propia fruta, más las vitaminas y aditivos autorizados. Hay alguna rareza en las denominaciones particulares del anexo III, como el zumo de espino amarillo, que admite azúcar añadido, pero no es lo que vas a encontrar en el brick del desayuno.
El néctar es zumo o puré con agua añadida y, si el fabricante quiere, azúcares o miel, o edulcorantes. Lleva un mínimo de fruta que se escribe en la etiqueta con la fórmula «contenido de fruta: mínimo… %»: un 50 % en la naranja, la manzana, el melocotón o la piña, y un 25 % en el plátano o el limón. Y el tope de azúcares o miel añadidos depende de la fruta: el 10 % del peso total en el grupo del 50 %, el 15 % en las frutas de pulpa como el plátano y el 20 % en las muy ácidas como el limón.
La bebida de frutas es en realidad una «bebida refrescante de zumo de frutas», que regula el Real Decreto 650/2011: un refresco con zumo, puré o disgregados de fruta, cuya etiqueta debe indicar el porcentaje de zumo. Una «agua limón» de supermercado puede ser de esta familia, con un 12 % de zumo, casi todo de manzana; lo contamos en el artículo del agua con sabor.
Exprimido o de concentrado: casi lo mismo en azúcar
Un zumo «a partir de concentrado» se hace concentrando el zumo, quitándole buena parte del agua (cerca del 85 %, según la OCU), y devolviéndosela antes de envasar. Suena a que algo se pierde por el camino, y por eso la etiqueta tiene que decirlo junto al nombre. La norma impide aguarlo: exige un mínimo de grados Brix (la medida de los sólidos solubles, sobre todo azúcares) de 11,2 en el zumo de naranja reconstituido y de 12,8 en el de piña. En azúcar, casi nada: en el informe de la OCU de 2020 sobre zumos de naranja, los exprimidos llevaban de media 9,5 g de azúcares por 100 ml y los de concentrado, 9. Para quien mira el azúcar, es una discusión menor. En sabor y en algunas vitaminas puede haber diferencias entre marcas, y ahí manda el gusto de cada uno.
Cuánto azúcar suma cada uno
Los néctares de naranja del mismo informe iban de 5,6 g por 100 ml (los que solo llevaban edulcorantes) a 10,9 (con jarabes), y 10,2 los que llevaban azúcar. Es decir, un néctar con edulcorantes baja el azúcar casi a la mitad, a cambio de llevar edulcorantes; qué significa «sin azúcar añadido» en las portadas lo tienes en su propio artículo. Un vaso de 200 ml de néctar con azúcar son unos 20 g, cinco terrones, y un litro entero ronda los 100 g.
La piña se ve parecida en las fichas de un mismo supermercado en Open Food Facts: el zumo a partir de concentrado, 12 g por 100 ml, y el néctar con azúcar y edulcorantes, 7,5 g.
Si no te apetece comparar bricks uno a uno, escanéalo con Carmen (gratis): sale la nota y los azúcares, sea zumo o néctar.
Zumo con menos azúcar: la novedad de 2026
Desde el 14 de junio de 2026, el Real Decreto 781/2013 reconoce el «zumo de frutas con contenido reducido de azúcares»: un zumo al que se le han quitado, por un proceso autorizado (filtración por membrana o fermentación con levadura), al menos un 30 % de los azúcares naturales. Un zumo de 9 g por 100 ml quedaría en unos 6 g, todavía por encima de los 5 g del listón de los sellos de Chile. Es un paso, pero no lo conviertas en «bajo en azúcar» por la portada.
Para la OMS, el zumo es azúcar libre
La OMS cuenta como azúcares libres los añadidos, los de la miel y los siropes, y los de zumos y concentrados de fruta, aunque sean 100 % fruta. Su tope ideal son unos 25 g al día; un vaso de 200 ml de zumo de naranja de 9 g suma 18. Por qué ocurre eso, y qué conserva y qué pierde el zumo frente a la naranja entera, está en el artículo del zumo de naranja natural, y los azúcares de la fruta entera, en cuánto azúcar tiene la fruta.
Lo práctico es el tamaño. Un vaso pequeño con una comida es razonable; el brick de litro tratado como agua de la mesa, no.
Con diabetes o cualquier otro motivo para vigilar la glucosa, el zumo es tema para tu médico o tu dietista-nutricionista.
Y si el brick se ha vuelto tu bebida de todo el día, mete la fruta entera en la mochila y deja el zumo para la mesa del desayuno: así vuelve a ser un extra y no el líquido de siempre.
Preguntas rápidas
¿Qué diferencia hay entre zumo, néctar y bebida de frutas?
El zumo es fruta sin azúcar añadido. El néctar es zumo o puré con agua, y puede llevar azúcar, miel o edulcorantes; su etiqueta indica el contenido mínimo de fruta, de un 25 a un 50 % según la fruta. La «bebida refrescante de zumo de frutas» es un refresco con una parte de zumo, y debe indicar el porcentaje.
¿Los zumos envasados llevan azúcar añadido?
Un zumo corriente no: el Real Decreto 781/2013 no permite añadirle azúcares ni edulcorantes, salvo en alguna denominación particular muy concreta. Los néctares sí pueden llevar azúcares o miel (hasta el 10 % del peso total en los de naranja, manzana, melocotón y piña) y edulcorantes.
¿Es mejor el zumo exprimido o el de concentrado?
El azúcar casi no cambia: en el informe de la OCU de 2020, 9,5 g por 100 ml en el exprimido de naranja y 9 g en el de concentrado. El de concentrado debe indicarlo junto al nombre del producto.
¿Un zumo 100 % es sano?
Para la OMS el azúcar de los zumos cuenta como azúcar libre aunque el zumo sea 100 % fruta. Un vaso pequeño con una comida es razonable, pero no sustituye a la fruta entera, que conserva la fibra.
¿Qué es un zumo con contenido reducido de azúcares?
Una categoría nueva en vigor desde el 14 de junio de 2026: zumo al que se le ha quitado al menos un 30 % de los azúcares naturales con un proceso autorizado, como la filtración por membrana o la fermentación con levadura.
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